Es uno de los debates más viejos del mundo del ajedrez, y seguro que ya has oído el veredicto habitual: “los principiantes no deben trabajar las aperturas, deben hacer táctica”. Ese consejo es medio acertado y medio engañoso. Veamos qué hay que quedarse de él realmente.

El fondo de verdad en “no trabajes las aperturas”

Empecemos por dar la razón a este consejo, porque se apoya en una observación exacta. La mayoría de las partidas de principiantes no se pierden por la apertura. Se pierden en el medio juego, por una pieza entregada, una horquilla fallada, un mate no visto. Un jugador de 900 Elo que memoriza veinte jugadas de una apertura afilada y descuida su táctica va a seguir perdiendo, porque entregará una torre en la jugada 15.

Así que si “aprender las aperturas” significa memorizar largas líneas teóricas de memoria, entonces sí, es una pérdida de tiempo para un principiante. En ese punto, el consejo clásico tiene razón.

Donde el consejo se descarrila

Pero hay un desliz. Entre “no memorices veinte jugadas de teoría” e “ignora por completo las aperturas” hay un mundo. Y saltar a lo segundo es pegarte un tiro en el pie.

Porque sin ninguna noción de apertura, sales del principio de partida con una posición ya mala: rey en el centro, piezas mal colocadas, dama paseada para nada. Le regalas al rival una ventaja gratis antes incluso de que empiece la verdadera batalla. La táctica del medio juego solo la podrás ejercer si llegas al medio juego en una posición jugable.

La verdad está en el medio, y es simple: un principiante debe aprender las aperturas, pero comprenderlas, no recitarlas.

Lo que te aporta una apertura comprendida

En concreto, una apertura bien asimilada te presta tres servicios que la sola táctica no da. Te hace ganar tiempo de reflexión, porque no te encallas diez minutos en tu tercera jugada. Te evita las trampas de apertura más comunes, esas que hunden una partida antes incluso de que arranque. Y te lleva de forma sistemática a posiciones que conoces, donde sabes qué plan seguir en el medio juego en lugar de improvisar a ciegas.

Este último punto es el más subestimado. Una apertura no es solo una serie de jugadas: es una puerta hacia un tipo de posición, con sus planes típicos. Jugar siempre la misma apertura es reencontrar las mismas estructuras partida tras partida, y por tanto aprender a jugarlas cada vez mejor. El principiante que cambia de apertura en cada partida vuelve a empezar de cero cada vez.

Comprender en lugar de memorizar

Todo el matiz está ahí. Lo que necesitas no es una lista de treinta casillas de tu línea preferida. Es saber por qué se juegan las jugadas de apertura: ocupar el centro, desarrollar, poner el rey a salvo. Son los principios de apertura, y te sirven en todas las posiciones, incluidas aquellas donde el rival se desvía de la teoría.

Cuatro a seis jugadas comprendidas valen más que veinte recitadas. He detallado ese cálculo en cuántas jugadas de apertura hay que memorizar: la respuesta es mucho más corta de lo que uno se imagina. Con un puñado de jugadas y los principios, sales de la apertura como toca contra la inmensa mayoría de tus rivales.

Todo depende del método

Si tantos principiantes se rompen los dientes con las aperturas, no es porque las aperturas sean inútiles. Es porque el método habitual es malo: leer una lista de jugadas, retenerla por la noche, olvidarla a la semana siguiente. No se aprende una apertura leyéndola, igual que no se aprende a montar en bici leyendo un manual.

Es justo el problema que ataca Prologue. No lees líneas, las juegas, movimiento a movimiento, primero guiado y luego de memoria, y cada uno te explica el principio que aplica. Lo que se te queda no es una recitación que se evapora, sino una lógica que sigue ahí cuando el rival se aparta de la teoría. Así te quedas con lo bueno del debate: las bases de apertura, sin la memorización estéril. Para asentar tus cimientos en orden, pasa por la guía para aprender ajedrez.

Preguntas frecuentes

¿A partir de qué nivel hay que estudiar de verdad las aperturas en profundidad?

El estudio a fondo, con líneas largas y precisas, se vuelve útil hacia los 1600 a 1800 Elo, cuando las partidas ya no se deciden por simples descuidos. Por debajo, unas cuantas jugadas comprendidas por apertura y buenos principios bastan de sobra.

¿Cuánto tiempo debe dedicar un principiante a las aperturas?

Una pequeña parte de tu tiempo de estudio, digamos un cuarto, y el resto a la táctica y los finales básicos. Lo importante es conocer una apertura con blancas y una respuesta a 1.e4 y a 1.d4 con negras, comprendidas y no memorizadas.

¿Es mejor aprender una apertura o varias?

Una sola, a fondo, para empezar. Un repertorio reducido pero bien comprendido te da mejores posiciones más a menudo que una colección de aperturas ojeadas. Ya ampliarás más adelante, cuando tus bases sean sólidas.

¿Trabajar las aperturas puede perjudicar mi progresión?

Solo si les dedicas todo tu tiempo en detrimento de la táctica, o si memorizas sin comprender. Bien dosificadas y comprendidas, las aperturas aceleran tu progresión al darte posiciones sanas que jugar. Es el mal uso lo que perjudica, no el aprendizaje en sí.