Hay dos maneras de contar a Magnus Carlsen. Una es la lista de récords, y es realmente impresionante. La otra es más útil si tú juegas al ajedrez: es la historia del jugador que gana las partidas que los demás entablan.

Un prodigio que nunca bajó de la cima

Nació en Tønsberg, Noruega, el 30 de noviembre de 1990. Hacia los cinco años se sabía de memoria la superficie, la población, la capital y la bandera de todos los países del mundo. Esa misma memoria de patrones es la que hoy le permite reconocer una estructura de peones que vio hace diez años.

Título de gran maestro en 2004, con trece años y cuatro meses. Ese mismo año, en Reikiavik, el chaval entabla contra Kaspárov en partida rápida antes de perder la segunda. Cinco años después, Kaspárov se convierte en su entrenador.

Desde el 1 de julio de 2011 no ha abandonado ni una sola vez el primer puesto del ranking mundial. Quince años seguidos. Se proclama campeón del mundo ante Anand en 2013 y luego retiene el título frente a Anand otra vez, frente a Kariakin, frente a Caruana, frente a Nepomniachtchi.

Y en 2022 anuncia que no lo defenderá más. El matiz importa: no perdió el título, lo devolvió, explicando que el formato ya no lo motivaba. Ding Liren le sucede en 2023 y Gukesh en 2024. Carlsen siguió siendo número uno mundial. Esa es su situación actual, y es peculiar: dejó la corona sin dejar la cumbre. En 2026 añade además un título mundial de Chess960 tras ganar a Caruana.

Su estilo: ganar lo que otros entablan

Kaspárov lo sitúa del lado de Karpov y Capablanca, no del suyo. Su frase de 2013 sigue siendo la mejor descripción que existe de él: “Carlsen es una combinación de Karpov y Fischer. Consigue sus posiciones y ya no suelta la presa. Agotador para el rival.”

Carlsen dice preferir el medio juego, porque ahí “se convierte en ajedrez puro”. No es una pose. Su ventaja se construye en posiciones aparentemente muertas, donde sigue planteando pequeños problemas mientras el rival se cansa. Se le suele llamar exprimir. En la práctica: no ofrece tablas, juega veinte jugadas más y espera la imprecisión.

Nada de esto significa que no sepa atacar. La primera partida de abajo debería bastar.

Sus aperturas

Carlsen es el único jugador de la élite que abre con regularidad con las cuatro primeras jugadas principales: 1.e4, 1.d4, 1.c4 y 1.Cf3. Es una decisión meditada. Al variar, saca a sus rivales de la preparación y llega antes al medio juego, que es su terreno.

Con blancas vuelve a menudo a la Apertura española y a la apertura inglesa, esta última sobre todo en ritmos rápidos. También juega el sistema Londres para llevar la partida a una lucha posicional tranquila y arañar una ventaja mínima.

Con negras, su respuesta más habitual a 1.e4 es la defensa berlinesa, elegida precisamente porque lleva a los finales largos donde brilla su técnica. También juega la defensa siciliana, en particular la variante Sveshnikov que fue su arma principal en el match de 2018 contra Caruana.

Dos posiciones para entenderlo

El chaval de trece años

Wijk aan Zee, enero de 2004, grupo C. Carlsen tiene trece años y se enfrenta a Sipke Ernst en una Caro-Kann. En la jugada dieciocho coloca el caballo en g6, una casilla que vigila el peón de f7.

18.Cg6. El primero de los tres sacrificios que van a desnudar al rey negro: la captura abre la columna h.

Siguen un sacrificio de alfil y otro de torre, y el mate llega en la jugada veintinueve. Fue buscando un titular para esta partida cuando el periodista Lubomir Kavalek acuñó el apodo de “Mozart del ajedrez”. El apodo y la partida son la misma cosa.

El exprimido

Chennai, noviembre de 2013, sexta partida del campeonato del mundo. Carlsen lleva negras contra Anand. El final de torres que aparece tras la jugada cuarenta son tablas, y todo el mundo lo sabe. Carlsen juega veinte jugadas más. En la sesenta, Anand se rompe.

60.Ta4 pierde. 60.b4 mantenía las tablas. Carlsen remata siete jugadas después.

Esta partida decidió el match e instaló su reputación para diez años. No ganó con una combinación. Ganó porque seguía jugando.

Lo que puedes robarle

No ofrezcas tablas en una posición igualada. Es la primera lección y la que más puntos de Elo da a nivel de club, donde los finales se juegan mucho peor que en Chennai. Jugar veinte jugadas más es una habilidad, no cabezonería.

Trabaja los finales de torres. Es la fase que más descuidan los aficionados y es justo el terreno donde Carlsen arrasa.

Varía tus aperturas en vez de exprimir una sola hasta el hueso. Sacarás a tus rivales de la preparación más a menudo y llegarás a medios juegos que entiendes de verdad.

Así lo enfoca Prologue: en lugar de hacerte memorizar listas de jugadas, la app te hace repetir cada apertura mostrándote la intención que hay detrás. El día que el rival se sale de la línea conocida, tú conservas el plan.

Preguntas frecuentes

¿Sigue siendo Magnus Carlsen campeón del mundo?

No. Fue campeón del mundo de 2013 a 2023 y después decidió no defender el título. Ding Liren le sucedió en 2023 y Gukesh Dommaraju se proclamó campeón en 2024. Carlsen nunca perdió el título sobre el tablero: renunció a él y siguió siendo número uno mundial en la lista de Elo.

¿Cuál es el récord de Elo de Magnus Carlsen?

Su máximo es de 2882 puntos, alcanzado en la lista FIDE del 1 de mayo de 2014 e igualado en agosto de 2019. Es el Elo más alto de la historia del ajedrez y superó el récord anterior de Garri Kaspárov, de 2851 puntos desde 1999.

¿Qué aperturas juega Magnus Carlsen?

Con blancas alterna 1.e4, 1.d4, 1.c4 y 1.Cf3, con preferencia por la Apertura española y la apertura inglesa. Con negras responde a menudo a 1.e4 con la defensa berlinesa, que conduce a los finales técnicos donde destaca, y también juega la defensa siciliana.

¿Por qué llaman a Carlsen el Mozart del ajedrez?

El apodo procede del periodista Lubomir Kavalek, que lo empleó en enero de 2004 como titular de su columna sobre la victoria de Carlsen ante Sipke Ernst en Wijk aan Zee. Carlsen tenía trece años y acababa de ganar con tres sacrificios seguidos. Kavalek comparó la partida con algo que Mozart podría haber compuesto de niño.